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En la última semana de agosto entró en funcionamiento la nueva distribución del tráfico en el tramo bajo del Paseo Sagasta, que ya cuenta con un carril bidireccional para bicicletas y ha mejorado la continuidad peatonal en el bulevar. Está previsto que en breve, el carril bici continúe por la calzada hasta la Plaza Diego Velázquez para crear una conexión ciclista segura y potente desde Torrero hasta el Centro, así como la puesta en marcha de un sistema de prioridad semafórica para el autobús en todo el eje.

El punto de partida de esta actuación fueron las resoluciones del TSJA que prohíben la circulación de bicicletas por este bulevar, lo que obligaba a dar una solución con seguridad física y seguridad jurídica para las personas que circulan en bicicleta por este eje: las muchas que ya lo hacen y las muchas más que lo pueden llegar a hacer. Pero esta actuación no sólo está motivada por las resoluciones judiciales; es un paso más en la política de reducción del uso del automóvil en la ciudad, especialmente en el centro y especialmente utilizando el centro como zona de paso. Por eso, la concejala Teresa Artigas hizo un llamamiento para que no se utilice el Paseo Sagasta para atravesar el centro en coche, y se escojan otras rutas más convenientes y en muchos casos más rápidas, como la Avenida Goya, o se elijan otros medios como el transporte público, caminar o ir en bici, todos ellos factibles para muchos desplazamientos y mucho más convenientes para la ciudad.

Esta política de reducción del tráfico en la ciudad es ineludible desde el punto de vista de la salud pública, del medio ambiente y de la calidad de la escena urbana, y hay un acuerdo generalizado entre expertos en torno a la conveniencia de restringir el espacio dedicado al automóvil para entregarlo a modos más sostenibles. Las ciudades más avanzadas desarrollan este tipo de medidas, y Zaragoza no ha sido ajena a ellas. Tampoco ha sido ajena a ciertas predicciones apocalípticas sobre colapsos y otras calamidades que en este caso no se han producido. El tráfico se va regulando con normalidad, y la previsión es que acabe produciéndose una sensible reducción del mismo en toda la zona, como ha sucedido en la actuación del año pasado en Paseo Constitución, donde hay un 20% menos de coches y ha mejorado la puntualidad de todas la líneas de autobús que circulan por él, además de ofrecer a peatones y ciclistas espacios propios continuos y seguros.

Nos vamos acercando al objetivo que Zaragoza en Común se marcó en su programa electoral: convertir la Plaza Paraíso en la Zona Cero de la movilidad sostenible de nuestra ciudad, en lugar de un anacrónico nudo de tráfico. Y no olvidemos que todas estas actuaciones se están haciendo de forma sencilla y con presupuestos muy reducidos, demostrando que se puede transformar intensamente la ciudad sin necesidad de recurrir por sistema a grandes macroproyectos.

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