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Cuando hablamos de accesibilidad, casi seguramente pensamos en la posibilidad de acceder físicamente a distintos espacios sin obstáculos como escaleras, aceras estrechas, bordillos etc. Sin embargo hay que tener en cuenta la propiedad que tienen los espacios, servicios, documentos y productos de ser entendidos fácilmente. Esto es lo que llamamos accesibilidad cognitiva.

Las personas con discapacidad intelectual procesan la información de manera diferente, por lo que a menudo las ciudades y los espacios públicos no les resultan fáciles de comprender. Por ejemplo, no hay accesibilidad si una persona con discapacidad intelectual no puede coger el bus porque no entiende cómo usarlo. Lo mismo puede ocurrir con un formulario que rellenar o un texto que leer.

Sin accesibilidad no se pueden ejercitar plenamente los derechos que tenemos como ciudadanos/as, por lo que, como institución, debemos trabajar para hacer de Zaragoza una ciudad accesible; incidiendo en esa idea de ciudad que corrige las desigualdades y proporciona las mismas oportunidades a todas las personas, atendiendo a sus diferentes capacidades y necesidades.

El Ayuntamiento de Zaragoza, con la corporación anterior, ya comenzó a realizar unas tímidas incursiones en la accesibilidad cognitiva universal, como podemos ver en los pictogramas que nos indican las funciones de los espacios en centros cívicos, centros deportivos o juntas de distrito. Además, por ejemplo, Servicios Sociales está trabajando en la accesibilidad de menores con discapacidad intelectual en los CTL (además de la física).

Para seguir en esa dirección hemos firmado un acuerdo de colaboración con la asociación Plena Inclusión Aragón. El acuerdo prevé dos actuaciones: un doble estudio de valoración de la accesibilidad cognitiva en los equipamientos de la Escuela Municipal de Música y Danza y de los conservatorios municipales y una propuesta posterior de intervención en dichos espacios para mejorar la accesibilidad cognitiva. En los estudios se evaluará la señalización y pictografía de los espacios (rotulación, postes, directorios, etc.), si la documentación pública que allí se encuentra es entendible fácilmente, (cartelería, folletos, documentos de inscripción, etc.) y si el personal está preparado para dar una atención de calidad a personas con discapacidad intelectual. Lo más importante: serán las propias personas usuarias y con discapacidad intelectual quienes nos indiquen qué debemos hacer y cómo hacerlo, para que sea realmente útil y, al mismo tiempo, nos ayude a empoderarlas.

Posiblemente este acuerdo no ocupará las primeras páginas de los periódicos, pero estamos convencidas de su utilidad, no solo porque la accesibilidad cognitiva es beneficiosa para todos/as, sino también porque es un paso más hacia la igualdad de derechos.

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